Arras de Boda

Arras de Boda

El rito de las arras, explicado — también en boda civil


Boda civil

¿Cómo se adaptan las arras sin la lectura religiosa?

En corto

Quitando el texto litúrgico y poniendo otro, o ninguno. Hay tres caminos que funcionan: que quien oficia explique el gesto en tercera persona, que lo digan los propios novios en primera persona, o hacerlo en silencio y dejar que la imagen hable. Lo que no funciona es usar la fórmula católica tal cual en una ceremonia laica, porque menciona a Dios y suena prestada.

El problema concreto

En la boda católica el sacerdote pronuncia una fórmula establecida cuando los novios se entregan las arras, con referencia explícita a la bendición de Dios sobre los bienes que comparten. Es un texto corto, bonito y perfectamente coherente dentro de una misa.

Sacado de la misa, no funciona. Y sin embargo hace falta algo: si nadie dice nada y nadie ha explicado qué está pasando, buena parte de los invitados verá a dos personas pasándose monedas sin entender por qué. El silencio funciona —luego vemos cómo— pero solo si es deliberado.

Camino 1: lo explica quien oficia

Es el más habitual y el más seguro. Quien oficia introduce el gesto en tercera persona, con dos o tres frases, y los novios solo tienen que hacerlo. Ventaja enorme: nadie tiene que hablar con la voz temblorosa en el peor momento posible.

El contenido de esas frases lo escribe la pareja y se lo pasa al oficiante con antelación. Un esquema que funciona: qué son, qué significan para vosotros dos, y ya. Sin historia de la tradición ni etimología: el sitio para explicar el origen del rito es una conversación en el aperitivo, no la ceremonia.

Camino 2: lo dicen los novios

Más íntimo y más arriesgado. Cada uno dice una frase al entregar las monedas al otro. Funciona muy bien cuando la frase es corta, concreta y no intenta ser un voto matrimonial en miniatura — para eso ya están los votos.

Dos avisos de quien ha visto varias: escribir la frase, no improvisarla; y que sea una frase. En ese punto de la ceremonia la voz no está para párrafos.

Camino 3: en silencio

Infravalorado y a menudo el mejor. Quien oficia dice una sola línea —“y ahora los novios se entregan las arras”— y se calla. Las monedas suenan al caer, que es un sonido que se oye en toda la sala, y ahí termina.

Funciona especialmente bien cuando la ceremonia ya lleva mucho texto: lecturas de familiares, votos, palabras del oficiante. Un momento sin palabras después de veinte minutos de palabras respira.

Qué evitar

  • La fórmula católica adaptada a medias, quitando la palabra Dios y dejando el resto. Se nota, y queda peor que cualquiera de las tres opciones anteriores.
  • Explicar la simbología entera durante el rito. Los doce apóstoles, los doce meses, la moneda de reserva, el origen romano. Es contenido interesante y es el momento equivocado.
  • Convertirlo en un discurso sobre el dinero. El símbolo es compartir, no la economía doméstica; los chistes sobre la cuenta común están mejor en el banquete.
  • Añadir un tercer significado inventado sobre la marcha para justificar por qué se hace en una boda civil. No hace falta justificarlo: es un rito, y los ritos no rinden cuentas.

Un apunte sobre familias mixtas

Es un caso frecuente: la pareja se casa por lo civil y hay una parte de la familia que habría preferido una boda religiosa. Las arras suelen convertirse en el punto de encuentro — el gesto que reconocen — y por eso a veces se incluyen justamente para eso.

No hay nada malo en ello, siempre que la pareja lo decida con los ojos abiertos. Un rito puesto para que alguien esté contento se sostiene perfectamente si es una elección; lo que no se sostiene es una ceremonia entera construida así.


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