Arras de Boda

Arras de Boda

El rito de las arras, explicado — también en boda civil


Boda civil

¿En qué momento de la ceremonia civil encajan?

En corto

Después del consentimiento y antes o justo después de los anillos. El guion legal de una boda civil tiene tres pasos fijos —lectura de los artículos 66, 67 y 68 del Código Civil, pregunta del consentimiento a cada contrayente, y declaración de matrimonio— y las arras van después de esos tres, cuando la pareja ya está casada. Ponerlas antes deja el gesto sin sentido: se comparte desde que se es matrimonio, no antes.

Todo lo que la ley exige cabe en un artículo:

El Alcalde, Concejal, letrado o letrada de la Administración de Justicia, notario o notaria, o personal funcionario, después de leídos los artículos 66, 67 y 68, preguntará a cada uno de los contrayentes si consiente en contraer matrimonio con el otro y si efectivamente lo contrae en dicho acto y, respondiendo ambos afirmativamente, declarará que los mismos quedan unidos en matrimonio y extenderá el acta correspondiente.

Ese es el esqueleto completo, y está en el Código Civil consolidado del BOE. Tres pasos: lectura, consentimiento, declaración. Todo lo demás que ocurra en la sala es añadido de la pareja.

El orden que funciona

Un guion completo de ceremonia civil con arras suele quedar así:

Momento ¿Obligatorio?
1 Entrada y bienvenida de quien oficia No
2 Lecturas de familiares o amigos No
3 Lectura de los artículos 66, 67 y 68
4 Consentimiento de cada contrayente
5 Declaración de matrimonio
6 Votos personales, si los hay No
7 Intercambio de anillos No
8 Arras No
9 Firma de los contrayentes y testigos
10 Salida No

Los anillos y las arras son intercambiables de orden: hay quien prefiere las monedas primero porque el sonido rompe el silencio y relaja la sala, y hay quien prefiere terminar con ellas porque es el gesto más largo. Lo que casi nadie hace, con razón, es separarlos: van seguidos, como un solo bloque de ritos con objeto.

Por qué después del consentimiento y no antes

Por coherencia con lo que el gesto dice. Las arras representan que ya se comparte: dos personas que aún no están casadas entregándose monedas es una imagen que no significa lo mismo. Puesto después de la declaración, el gesto tiene sujeto: un matrimonio que acaba de existir hace diez segundos.

Hay además una razón práctica. Antes del consentimiento, la ceremonia todavía tiene tensión: la gente espera el momento. Cualquier rito colocado ahí se lee como un retraso. Después, la sala ya está relajada y aplaudiendo, y ese es el terreno natural de las arras.

La coreografía, que es donde se falla

El contenido está claro; lo que sale mal es siempre lo mismo.

  • Dónde se apoya el cofre. Alguien tiene que sostenerlo abierto mientras las monedas van y vienen, o tiene que haber una mesa a la altura correcta. De pie y sin apoyo, se caen.
  • Quién lo acerca y cuándo se levanta. Si esa persona está sentada en la tercera fila y nadie le ha dicho en qué frase exacta debe levantarse, se levantará tarde.
  • Qué se hace con las manos. Uno ahueca las dos manos juntas y el otro vierte. Suena obvio y el día de la boda no lo es.
  • Dónde va el cofre después. A la mesa de la firma, no al suelo ni al bolso de nadie. Es la vía habitual por la que se pierde alguna moneda.

Treinta segundos de ensayo el día anterior, con el cofre en la mano, resuelven las cuatro cosas. Es el único momento de la ceremonia que merece la pena ensayar, precisamente porque es el único que tiene objetos.


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