Boda civil
¿Se pueden poner arras en una boda civil?
En corto
La pregunta detrás de la pregunta
Cuando alguien pregunta esto, casi nunca está preguntando si está permitido. Está preguntando otra cosa: si me caso por lo civil, ¿queda raro hacer un gesto que asocio a la iglesia?
La respuesta corta es que no queda raro porque lo hace muchísima gente. Según el Instituto Nacional de Estadística, en 2024 se celebraron en España 146.605 matrimonios civiles frente a 28.759 religiosos: un 83,6% frente a un 16,4%. Las bodas religiosas han caído un 42,5% en diez años. Si las arras solo se pusieran en bodas católicas, hoy serían un objeto casi desaparecido — y es evidente que no lo son.
Lo que ha ocurrido es lo que ocurre con casi todos los ritos: el gesto ha sobrevivido a su marco original. Nadie considera religioso lanzar arroz a la salida, ni pedir la mano, ni que la novia entre la última, y todos esos usos tienen origen ritual. Las arras están en el mismo grupo.
Qué cambia respecto a una boda católica
Tres cosas, todas prácticas:
No hay fórmula fija. En la misa hay un texto litúrgico establecido que pronuncia el sacerdote. En la ceremonia civil no existe ese texto, así que hay que decidir qué se dice —o no decir nada.
No hay momento asignado. En el rito católico las arras tienen su sitio dentro del ritual. En la boda civil hay que decidir dónde encajarlas dentro de un guion que legalmente es muy corto.
No hay bendición. Lo que en la iglesia es una bendición del sacerdote, aquí sencillamente no existe. Si a alguien de la familia le importa ese punto concreto, conviene hablarlo antes y no descubrirlo el mismo día.
Lo único que hay que hacer
Avisar. Y avisar antes, no el día de la boda.
Quien oficia una boda civil —alcalde, concejal, letrado de la Administración de Justicia, notario o personal funcionario habilitado— prepara la ceremonia con un esquema. Si nadie le ha dicho que hay arras, no las va a incluir, y el momento de descubrirlo no puede ser cuando ya estáis los dos delante de la mesa.
La conversación es corta y va bien así: hay arras, las trae tal persona, nos gustaría hacerlo después de los consentimientos, y estas son las palabras que queremos que se digan —o preferimos hacerlo en silencio. Con eso está resuelto.
Y si es una ceremonia simbólica sin validez legal
Cada vez son más frecuentes: la pareja firma en el juzgado o ante notario un día cualquiera, y celebra aparte una ceremonia con un maestro o maestra de ceremonias, sin efecto jurídico. En ese formato las arras encajan todavía mejor, porque no hay guion legal que respetar y el orden lo decide íntegramente la pareja.
En ese caso conviene recordar solo una cosa: la parte legal ya está hecha o está pendiente por separado, y el rito de las arras no la sustituye ni la adelanta. Es un gesto, no un trámite.
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