Arras de Boda

Arras de Boda

El rito de las arras, explicado — también en boda civil


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¿Quién lleva los anillos?

En corto

Quien vosotros queráis: no hay ninguna norma. Lo tradicional es un niño o una niña de la familia con un cojín, y es también la opción con más probabilidades de acabar en anécdota. Si los anillos importan, la versión segura es que los lleve un adulto —el testigo, el padrino, quien oficia— y que el niño lleve algo que no se pueda perder.

Las opciones, de más segura a más fotogénica

Los tiene quien oficia desde el principio. Los anillos están en la mesa, dentro de una cajita, desde antes de empezar. Cero riesgo. Cero emoción también, pero cero riesgo.

Los lleva un testigo o un padrino. En el bolsillo, y los saca cuando toca. Es la opción que usa la mayoría de la gente que ya ha visto una boda salir mal.

Los lleva un niño en un cojín. La imagen clásica, la que quiere todo el mundo y la que produce los vídeos que luego se ven en las bodas. Un niño de tres a seis años con un cojín y dos anillos encima es una situación con muchas variables: puede pararse a medio pasillo, puede correr, puede decidir que los anillos son suyos.

Los lleva un perro. Existe y funciona sorprendentemente bien si el perro está entrenado y hay alguien esperándole al final del pasillo con algo mejor que los anillos. Requiere confirmar antes que el espacio lo permite: muchos ayuntamientos y algunas fincas no admiten animales en la sala.

La solución que usan los que ya lo han visto fallar

Es un truco viejo y funciona: los anillos van cosidos al cojín, o el cojín lleva anillos falsos. Los de verdad los tiene un adulto.

Con anillos cosidos con un lazo flojo, el niño hace su recorrido, la imagen se consigue, y cuando llega el momento alguien deshace el lazo. Con anillos falsos —dos aros de bisutería— el riesgo baja a cero y nadie en la sala nota nada.

Suena a exceso de precaución hasta que se pierde un anillo en la grava de una finca.

Sobre el cojín

Si hay cojín, tres detalles:

  • Que tenga cintas para atar los anillos, no una superficie lisa donde se apoyan sueltos.
  • Que sea pequeño. Un cojín grande en manos pequeñas se lleva mal y tapa la cara del niño en la foto.
  • Que alguien lo recoja en cuanto se usa. Es otro de los objetos que aparecen tres horas después debajo de una silla.

Cada vez se ven más alternativas al cojín: cajitas de madera con dos huecos, libros huecos, bandejas pequeñas. Todas comparten la misma ventaja sobre el cojín clásico — sujetan los anillos de verdad — y la misma desventaja: hay que abrirlas, y eso es una operación más en un momento en que las manos tiemblan.

Anillos y arras juntos

Si en la ceremonia hay las dos cosas, la pregunta que sigue es si las lleva la misma persona o dos distintas.

Dos personas distintas es lo recomendable, y no por reparto de honores sino por logística: son dos objetos, dos momentos y dos manos ocupadas. Una sola persona sosteniendo un cojín con anillos y un cofre abierto con trece monedas tiene un problema físico.

Además, resuelve de paso el problema de a quién dar papel: dos papeles breves y visibles en lugar de uno.

Dónde acaban los anillos si algo se tuerce

Merece una frase, porque pasa. Si un anillo se cae y rueda, la sala entera se va a agachar a buscarlo y el momento se rompe. Lo que funciona: que quien oficia siga hablando y que una sola persona lo busque. La ceremonia no se detiene por un anillo; se detiene por veinte personas buscando un anillo.


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