Arras de Boda

Arras de Boda

El rito de las arras, explicado — también en boda civil


Quien las regala

¿Quién compra las arras hoy?

En corto

Tradicionalmente las compraba el padrino, que se las entregaba al novio para que este se las diera a la novia en la ceremonia. Hoy lo más frecuente es que las compre la propia pareja, porque son ellos quienes eligen el estilo del cofre y quienes van a quedárselo. Que las regale alguien —padrinos, padres, amigos— sigue siendo perfectamente correcto, y es un detalle que muchas familias agradecen poder tener.

Cómo era y cómo es

La versión tradicional formaba parte de un reparto de gastos entre familias que hoy ya no existe: el padrino ponía las arras, la madrina el ramo, cada familia asumía una parte del convite. Ese reparto se sostenía sobre una boda organizada por las familias, no por los novios.

Hoy la mayoría de las parejas organiza y paga su propia boda, y la consecuencia lógica es que también elige y compra las arras. Hay una razón estética además de la económica: el cofre tiene que combinar con el resto de la ceremonia, y quien tiene esa visión de conjunto es la pareja.

Ninguna de las dos formas es más correcta. Lo que ya no se sostiene es dar por hecho la tradicional sin preguntar.

El conflicto habitual, y cómo se evita

Se repite tanto que conviene nombrarlo: alguien compra las arras sin decirlo y la pareja ya las había comprado. Al final hay dos juegos, uno de los dos sobra, y quien se lo compró se lleva un disgusto que nadie quería.

La solución es de una frase. Cuando se pide a alguien que sea padrino o madrina —o cuando alguien de la familia pregunta qué puede hacer—, decir explícitamente si las arras están compradas o no. Y si están compradas, tener preparada una alternativa concreta que ofrecer: el cojín de los anillos, las lecturas, la música, el libro de firmas. La gente pregunta porque quiere participar, no porque le importe el objeto.

Si te han pedido que las regales

Tres cosas que agradecerá la pareja:

Pregunta el estilo antes de comprar. Dorado, plateado, madera, cristal, minimalista o clásico. Es un objeto que se va a ver en todas las fotos de ese momento y que se queda en su casa después. Comprarlo por sorpresa es arriesgado.

Pregunta si va a llevar grabado. Si el cofre o las monedas se personalizan con iniciales o con la fecha, hay que encargarlo con margen. Un grabado a última hora sale caro o sale mal.

Entrégalo con tiempo. Días antes, no el mismo día. Que el cofre esté en casa de la pareja o de quien vaya a llevarlo la víspera evita la escena clásica de las arras olvidadas.

Sobre el precio, sin rodeos

Es una pregunta que casi nadie hace en voz alta. Hay juegos de arras desde muy poco dinero y los hay que cuestan lo que unas alianzas sencillas, según el material del cofre y si las monedas son de plata de ley o baño.

La única consideración útil: es un objeto que se usa un minuto y se guarda para siempre. Eso hace que el gasto tenga sentido si el objeto gusta de verdad como objeto —porque va a vivir en un cajón o en una vitrina durante décadas— y muy poco sentido si se compra solo para cumplir con el trámite. En ese segundo caso, el juego más sencillo cumple exactamente igual y nadie en la sala notará la diferencia.


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