Arras de Boda

Arras de Boda

El rito de las arras, explicado — también en boda civil


Quien las regala

¿Quién las entrega durante la ceremonia?

En corto

No hay ninguna regla. Puede llevarlas un padrino o una madrina, un hermano, un hijo, una amiga, o pueden estar simplemente sobre la mesa desde el principio. Lo importante no es quién sea, sino que esa persona sepa con precisión en qué momento levantarse, qué hacer con el cofre y dónde dejarlo después. El fallo casi nunca está en la elección; está en la falta de instrucciones.

A quién se le suele dar este papel

Cuatro opciones, y las cuatro funcionan:

Padrinos o madrinas. Es lo tradicional y lo que la familia espera si hay padrinos designados.

Un niño o una niña de la familia. La opción más agradecida por todos y la más fotografiada. Requiere un adulto de apoyo a un metro, porque un cofre abierto con trece monedas en manos de un niño de cinco años tiene el final que todos imaginamos. Cofre cerrado hasta llegar, y lo abre el adulto.

Una persona a la que se quiere dar un sitio. Es el uso más práctico de este papel: hay alguien importante que no encaja en ningún otro momento de la ceremonia, y llevar las arras es un papel visible, breve y sin texto que memorizar. Resuelve más tensiones familiares de lo que parece.

Nadie. El cofre está sobre la mesa desde el principio y quien oficia lo acerca. Es la opción más limpia y la que menos puede salir mal.

Las instrucciones que hay que dar

Aquí está todo el asunto. A la persona elegida hay que decirle cinco cosas, y conviene decírselas la víspera, no el mismo día:

  • En qué momento exacto se levanta. No “después de los anillos”, sino la frase concreta que va a oír. “Cuando el oficiante diga y ahora los novios se entregan las arras, te levantas.”
  • Por dónde se acerca. Por qué lado, para no cruzarse con el fotógrafo ni taparse con nadie.
  • Cómo sostiene el cofre. Abierto, con las dos manos, a la altura del pecho de los novios. No a la altura de su propio pecho, que es lo que sale por instinto.
  • Cuánto se queda. Hasta que las monedas hayan ido y vuelto. Es más largo de lo que parece: unos veinte segundos de pie sin hacer nada.
  • Dónde deja el cofre después. En la mesa de la firma. No en el suelo, no en una silla, no en el bolso de nadie.

Con esas cinco frases dichas una vez, el momento sale. Sin ellas, sale la versión torpe que se ve en muchos vídeos: alguien de pie sin saber si irse, monedas por el suelo, y el cofre apareciendo tres horas después en el coche.

El ensayo de treinta segundos

Si hay ocasión de ensayar algo el día anterior, que sea esto. No la entrada, no las lecturas: las arras. Es el único momento de la ceremonia que involucra un objeto pequeño, dos pares de manos y una tercera persona coordinándose, y es por tanto el único con riesgo mecánico real.

Treinta segundos con el cofre en la mano, comprobando quién lo sostiene y a qué altura, valen más que cualquier consejo escrito.

Si las monedas se caen

Se caen a veces. Suenan, ruedan, la sala se ríe y alguien se agacha a recogerlas. No es un mal augurio ni un desastre: es el momento más humano de toda la ceremonia y suele acabar siendo el que se recuerda.

Lo único que conviene tener previsto es que no las recojan los novios. Que lo haga quien sostiene el cofre o quien esté más cerca; los novios se quedan donde están. Agacharse los dos a cuatro patas con el vestido y el traje es exactamente la foto que nadie quiere.


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